
Que le haces a mi alma
que asomarse quiere a mis ojos
para verme así llorar.
No será de pena ni de alegría
si no de felicidad incontenida.
Motivo es tu mirada
cuando a la mía se enfrenta
venciendo siempre la batalla.
¿Por qué esta felicidad sin embargo
muere sin remedio a tu voluntad
cada vez que cierras los parpados?
¡Oh, mundo sin luz!
¡Oh, vida en letargo!
Dime qué extraño hechizo
ejercen tus bellas pupilas
que me roban el destino.
Y al abrir los ojos
me regresan las alegrías
la esperanza, al camino.
Mejor no respondáis a nada,
posad vuestros labios en los míos
y poned el iris donde las palabras
y olvidad el refrán mi reina
que aunque a veces maten
más me aman vuestras miradas.