
Una lágrima es el comienzo
del quiebro de un papel en blanco
¿Por qué lloráis? – Pregunta la luna
¿Por qué no hacerlo? – Responde mi mano
El papel añora ser pergamino,
la tinta envidia manar del tintero
y ser recogida por la pluma
de un bello cisne altanero.
Dejad pues, al poeta liberarse
del obstinado “día a día”,
pertinaz sepulturero de sentimientos
impropios de exponerse o no a la vista.
Presto ha de pagar la deuda
de disfrutar este poema.
Si quiere mantenerse cuerdo
ha de reírse de sus desgracias
sin ninguna clase de respeto.
Que se regocije en sus alegrías
que grite (a solas) sus secretos.
Que afile su guadaña la Parca
y con ella corte el cálamo
Con el que escribo estos versos.
(...)
Una lágrima es el comienzo
y su seno son las gracias
aunque desventuras no me faltan
pues al arca siempre le falta dinero.
El tiempo es fugaz y escaso,
¿la salud?; de eso también me mofo
pues cuando me río me falta el aire
y también me falta cuando toso.
Pero el amor, dile poeta,
dile a la luna
que aunque la mano se pudra
por el pasar de los siglos
bajo la tierra,
El amor ni me sobra ni me falta,
para la eternidad, la copa esta plena.
Así pago la deuda,
que más que con mi cordura,
la saldo con mi amada,
a la que todavía le adeudo mi alma,
por mucho más
que la heridas que me cura,
que las tristezas que me quita,
que las desgracias que me roba,
o cualquier cosa que me desagrade
y que ella extravía sea
con una caricia,
con una mirada
o con una sonrisa.
Amor mío; solo vida
con vida se paga
(y el resto de la mía
Es tuya).
Ramón Ríos
Jaén 29 de Enero del 2007
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