
Ven cuervo y nada más.
Ocúltame entre tus alas y esconde mi alma
En el lado oculto de la muerte y de la vida,
Para el latido de un corazón desesperado
Que se Ahoga en el mar de la agonía
Por haberla perdido a ella,
Por haber escuchado “volveré pronto” a su partida.
No la dejaron, el deseo tornado en mentira…
¡Oh! Implacable furia.
Ven cuervo y nada más.
Destroza con tus plumas el tiempo.
Hazme capaz de sentir su dolor.
Empápame cual sangre con él las manos
Como heridas abiertas que solo cicatrizaran
Cuando aquellos que me la robaron
Griten por ello, el lamento mas angustiado.
Ven cuervo y nada más.
Y no me dejes volver al seno de la tierra.
Prohíbeme la entrada al cielo, al averno o al Estigia
Hasta la consumación de mi amor y mi venganza.
Permíteme devolver el equilibrio a la balanza.
Consiénteme ser el avatar de su aliento,
De mi destino, de la destrucción,
De todo final y todo principio.
Ven cuervo y nada más.
Y grazna amenazante la overtura
En “mi” mayor locura (abismo creciente),
Y yo aullaré la melancólica sinfonía
Hasta que llore lágrimas negras
Que marquen surcos en mi tez sin vida,
Blancuzca y tétrica con una sonrisa,
También negra como maquillado bufón sin gracia,
Ni terrenal ni divina. ¡Que más da!,
Mientras llore y a la vez sonría…
Ven cuervo y nada más.
Y arráncame esta vida que no quiero.
Deja en mi tumba el calor de mi cuerpo.
Saca mi alma del cementerio.
Déjame los recuerdos y la compasión
Que permita el perdón de aquellos
Que humanamente puedan ser perdonados
Y Se arrepientan del dolor que infligieron.
Por ellos una oración
Pero Para los culpables; la desolación del infierno.
Ven cuervo y nada más.
Que en esta noche insondable
La lluvia y sus sombras serán mis aliadas,
El tormento de su expiración mi bagaje,
Las aguas del leteo serán rechazadas
Tanto para mí como para ellos,
Para vergüenza de los dioses que lo permitieron.
Ahora atraviésame con tu pico el corazón
Mientras grito sollozante:
¡Nunca más, mi Amor!
¡Nunca más!
Ocúltame entre tus alas y esconde mi alma
En el lado oculto de la muerte y de la vida,
Para el latido de un corazón desesperado
Que se Ahoga en el mar de la agonía
Por haberla perdido a ella,
Por haber escuchado “volveré pronto” a su partida.
No la dejaron, el deseo tornado en mentira…
¡Oh! Implacable furia.
Ven cuervo y nada más.
Destroza con tus plumas el tiempo.
Hazme capaz de sentir su dolor.
Empápame cual sangre con él las manos
Como heridas abiertas que solo cicatrizaran
Cuando aquellos que me la robaron
Griten por ello, el lamento mas angustiado.
Ven cuervo y nada más.
Y no me dejes volver al seno de la tierra.
Prohíbeme la entrada al cielo, al averno o al Estigia
Hasta la consumación de mi amor y mi venganza.
Permíteme devolver el equilibrio a la balanza.
Consiénteme ser el avatar de su aliento,
De mi destino, de la destrucción,
De todo final y todo principio.
Ven cuervo y nada más.
Y grazna amenazante la overtura
En “mi” mayor locura (abismo creciente),
Y yo aullaré la melancólica sinfonía
Hasta que llore lágrimas negras
Que marquen surcos en mi tez sin vida,
Blancuzca y tétrica con una sonrisa,
También negra como maquillado bufón sin gracia,
Ni terrenal ni divina. ¡Que más da!,
Mientras llore y a la vez sonría…
Ven cuervo y nada más.
Y arráncame esta vida que no quiero.
Deja en mi tumba el calor de mi cuerpo.
Saca mi alma del cementerio.
Déjame los recuerdos y la compasión
Que permita el perdón de aquellos
Que humanamente puedan ser perdonados
Y Se arrepientan del dolor que infligieron.
Por ellos una oración
Pero Para los culpables; la desolación del infierno.
Ven cuervo y nada más.
Que en esta noche insondable
La lluvia y sus sombras serán mis aliadas,
El tormento de su expiración mi bagaje,
Las aguas del leteo serán rechazadas
Tanto para mí como para ellos,
Para vergüenza de los dioses que lo permitieron.
Ahora atraviésame con tu pico el corazón
Mientras grito sollozante:
¡Nunca más, mi Amor!
¡Nunca más!
